El experimento económico del gobierno de Javier Milei ya deja un saldo devastador en la producción nacional. La promesa de “liberar las fuerzas del mercado” se tradujo, en los hechos, en una ola de cierres empresariales, despidos masivos y destrucción del entramado industrial argentino.
El sector textil, uno de los más intensivos en mano de obra del país, es hoy el rostro visible de una crisis que se extiende a toda la economía real: entre diciembre de 2023 y junio de 2025, se perdieron 11.500 puestos de trabajo y 380 empresas cerraron definitivamente sus puertas, según un informe de la Fundación Pro Tejer.
Una industria asfixiada por el libre mercado
Las políticas de apertura indiscriminada de importaciones, la apreciación del peso y el derrumbe del consumo interno conforman una tormenta perfecta que hundió a la industria nacional.
De acuerdo con el relevamiento, la producción textil cayó un 14,5% respecto del año anterior, llevando la capacidad instalada a niveles mínimos históricos. La gran mayoría de las empresas que cerraron son pymes y talleres familiares, incapaces de competir con los productos extranjeros que inundan el mercado a precios irrisorios.
El triple golpe del ajuste libertario
Pro Tejer identifica tres factores que explican el colapso del sector:
Derrumbe del consumo interno: el ajuste y la pérdida del poder adquisitivo pulverizaron la demanda, motor fundamental de la industria nacional.
Tipo de cambio artificial: la apreciación del peso encareció los costos locales y dejó sin competitividad a la producción argentina frente a los productos importados.
Apertura irrestricta de importaciones: solo en los primeros ocho meses de 2025, las importaciones de textiles crecieron un 32% interanual, mientras se habilitaron 14.000 nuevos importadores. La decisión oficial de rebajar aranceles generó un costo fiscal estimado en 120 millones de dólares y hundió aún más la rentabilidad del sector.
El resultado: fábricas vacías, máquinas apagadas y miles de trabajadores sin empleo. La caída del 10% del empleo en el rubro textil y de indumentaria es apenas una muestra del impacto social del modelo económico que promueve la desindustrialización.
Un modelo que destruye producción y trabajo
El derrumbe no se limita al textil. Datos de la Unión Industrial Argentina (UIA) y del INDEC confirman que el país atraviesa una crisis industrial estructural:
El empleo asalariado privado cayó 2%, con 33.400 despidos en la industria manufacturera.
El 24,4% de las empresas redujo personal, el registro más alto en más de un año.
Las pymes, columna vertebral del empleo nacional, sufren una caída del 22% en la ocupación.
Casi la mitad de los empresarios (49,4%) señala la falta de demanda como principal obstáculo para producir.
El Índice de Confianza Empresarial se derrumbó a -21%, reflejando un clima generalizado de recesión y desánimo.
“Industricidio” y parálisis productiva
La Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA) advirtió sobre un “colapso productivo sin precedentes”, al que definió como un auténtico industricidio.
Según sus datos, 7 de cada 10 gremios industriales registran suspensiones, retiros voluntarios o despidos, lo que se traduce en 33.183 puestos industriales perdidos desde noviembre de 2023, y más de 97.000 trabajadores asalariados menos si se suman la minería y la construcción.
“La apertura indiscriminada, el crédito inaccesible y la paralización del mercado interno están destruyendo la estructura productiva que llevó décadas construir”, advirtieron desde la CSIRA, señalando la responsabilidad directa del Ejecutivo en la desindustrialización acelerada.
El costo social de una política sin rumbo
Mientras el Gobierno insiste en defender un supuesto “sinceramiento económico”, el costo lo pagan los trabajadores y las pequeñas empresas que sostienen las economías regionales.
El modelo de Milei, basado en la especulación financiera y la apertura externa, golpea de lleno a los sectores productivos que generan empleo genuino. Cada fábrica que cierra no solo representa una empresa menos, sino una familia más sin ingresos y un barrio que se apaga.
La crisis textil es apenas la expresión visible de un fenómeno más amplio: la demolición del tejido industrial argentino. Si la tendencia continúa, el país podría enfrentar en 2026 una pérdida histórica de capacidades productivas, con consecuencias difíciles de revertir incluso a mediano plazo.



